La tarde desgrana pétalos dorados,
sucumben mariposas de plata
en tu mirada celestial,
besos de rosas duermen en la piel
y es tu alma, fina lluvia
rompiendo los cristales en cada cortejo.
Mujer tejida de ilusiones,
luceros hilando huellas
derraman promesas,
se enhebran los sueños
en cordones de acero
en un horizonte teñido de olvido.
Late en el umbral del otoño
un vértigo de estrellas,
lágrimas detrás de las máscaras
se acallan las voces
viajeras de otros vientos,
nostálgica bruma detrás de la puerta.
Risas de niña, pies descalzos,
rostro inocente;
esperanzas rotas, heridas de fuego,
un lenguaje ancestral teje la trama
anidan golondrinas,
peregrinas esperanzas.
Hoy tus manos rompen las cadenas,
amasan anhelos, tapizan cicatrices
y nutren las semillas
que germinarán en futuro;
mujer de arena, de sílice te yergues
ante las cenizas del dolor, bendita tu sangre.




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